El ácido hialurónico es un material que nuestro propio organismo produce y que al inyectarlo a través de tratamientos médico estéticos, ayuda a generar puentes que conectan las células de nuestros tejidos, al mismo tiempo que se consigue que hidrate en profundidad la piel, por su importante carga de agua. Existen diferentes tipos de ácido hialurónico.
Cuando las moléculas se enlazan en forma de matriz estamos hablando de ácido hialurónico reticulado.
Las moléculas reticuladas se caracterizan por ser capaces de generar volumen. El tipo de unión en forma de matriz hace también que se degrade menos y que tenga una mayor duración.
Este tipo de ácido hialurónico se utiliza para dar volumen, rellenar surcos, reposicionar zonas que han perdido su volumen, marcar zonas en las que se quiere dar una mayor definición, remodelar zonas específicas, etc.
Aporta volumen, perfila, rejuvenece e hidrata.
Rellena los pómulos dando proyección a la zona de las mejillas.
Rellena las arrugas más profundas que surgen entre las aletas de la nariz y la comisura de los labios.
Ayuda a redefinir el óvalo facial y marcar la mandíbula.
Retocar la forma de la nariz, corrigiendo aquello que se quiera modelar, ya sea la levantar la punta, disimular el caballete, etc.
En el caso del ácido hialurónico no reticulado, las moléculas no se enlazan entre si y tienen movilidad por lo que no generan volumen, pero sí que aportan hidratación. Es un ingrediente muy frecuente en tratamientos antiedad y de mejora de la calidad de la piel.
Aporta hidratación y luminosidad a la piel, rejuveneciéndola.
Trata y elimina las imperfecciones del contorno de los ojos, aclarando el tono oscuro típico de la zona.
Normalmente una sesión cada 6-8 meses
Leve, bajo crema anestética
15 - 25 minutos
Desde la primera sesión
Para aquellas personas que buscan mejorar la calidad de su piel, remodelar o embellecer alguna de las zonas de su rostro.